5 junio 2020


Hay momentos en los toros, que sólo el taurino conoce y sólo al taurino afortunado le ha tocado presenciar. Más que una tradición, es una especie de ritual. El mismo día, antes de la corrida de toros, se presentan pocas personas a los corrales de la plaza, donde están, los seis toros del encierro.

Vamos a suponer que el ganadero ha enviado a sus seis mejores toros. En general, la corrida está bien puesta, lo que significa que los toros pesan más de 500 kilos, todos se ven fuertes, finamente cuidados, están atentos a lo que pasa alrededor de ellos. Los hombres moviéndose, hablando en voz muy baja.

Alguien llega y se enamora a primera vista, de un toro con un destello blanco en la frente, que sólo el ganadero sabe que es una herencia de su madre, un Lucero. El apoderado del torero se emociona “ojalá que le toque ese toro a mi torero” y no el negro zaino, se ve peligroso, está muy avispado. El apoderado lleva su amuleto de la suerte, cree con firmeza que será el astado perfecto.

El ganadero también ya lleva sus propias esperanzas. Ojalá que este toro le toque a este torero y así sucesivamente, porque un buen ganadero, ya anticipa cómo será el toro y qué cualidades tiene el torero para poder entenderlo, darle una buena lidia y se consiga una gran faena.

Un hombre escribe en un papel de arroz, de esos que se usan para hacer cigarrillos, el número de cada toro, se hacen bolita y se meten uno a uno en un sombrero.

Cada uno de los.presentes ya tiene la esperanza puesta ya en algún toro. Generalmente, coinciden en un toro como el favorito, por su color, cuartos traseros, su cornamenta perfecta, cómo bajó del cajón, son detalles, pero todo cuenta.

Uno a uno los apoderados se aproximan al sombrero y van sacando un papelito. El que saca por fin el toro con el lucero sonríe haciéndole saber a los presentes que ya saquen el que sea, que dejen de rezar, porque ya sabe que su torero saldrá triunfante esta tarde.

Otro más, tragará saliva al saber que su torero tendrá enfrente al negro zaino.

El ganadero puede no estar feliz por la suerte, pero no ha podido decidir otra cosa. La suerte es la suerte.

Se me olvidó un pequeño detalle. En una canción de Joaquín Sabina, antes de comenzar, él dice: “Que Dios reparta suerte y va por ustedes” Sabina empieza a tocar su guitarra. Esa es la misma frase que dice el taurino en voz alta, antes de dar inicio el sorteo. “Que Dios reparta suerte”. Y quién, sino Dios, decide qué toro nos toca a cada uno. Ni el torero ni el ganadero ni el empresario de la corrida.

Hoy, día 80 y final de la segunda cuarentena, deseo con todo mi corazón que si les toca ser toreros en este triste sorteo, salga de toriles el toro con la estrella en la frente, que lo esperen como un torero, en la puerta, con su traje de luces, con las ilusiones, el coraje y el valor por delante.

Espero que les toque el toro noble y que pase despacito. Que le puedan. Que lo toreen.
Que nos salga el toro bueno que deja que le celebremos. Que demos la vuelta al ruedo. Que alguien, con todas sus fuerzas, nos grite, desde algún lugar del mundo, un enorme y estruendoso, ¡Olé!

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