3 junio 2020

Un chino se comió un murciélago y yo me puse a escribir más que nunca. Me puse a pensar todo lo que amo, lo que no, lo que he soñado en la vida. Un murciélago que le faltó hervir otros diez minutitos y el mundo se puso de cabeza. Mi casa se detuvo, se quedó en pausa, en horas que pasan despacitititittito.

En constantes pensamientos de gracias. En abrazos de las doce del día. Me imagino el regreso a la escuela, con niños de primaria llorando como si fueran otra vez al preescolar. Habrá muchos felices, pero otros no creo que tanto. ¿Por qué me vuelves a levantar de noche? ¿Por qué me apresuras todo el tiempo? ¿Por qué tenemos que hacer una hora para ir a la escuela si podría estar en la sala, contigo? El uniforme me acalora, me aprieta, me queda mini…

El murciélago me orilló a escribir una cuarentena y sin querer se volvieron dos. Estos últimos días me han costado tanto trabajo. Borro, escribo, borro. Por un lado la gente que cree firmemente en la Plandemia y por otro los que creemos que no puede estar peor: ¡Sorpresa! Unos changos robaron y mordisquearon muestras de virus y Trump ataca y amenaza a su propia gente.

Nuestro presidente casi instala su propio monumento cuando no tiene que decir nada de una marcha de coches, la misma gente ataca a los manifestantes pacíficos. Declara inaugurado su reino chairo y expulsa a los FIFIS. En resumen: si tienes coche no te quejes, jejeje.

Total, acaba mi ejercicio de escribir y empiezo mi ejercicio fiscal. Nada me parece más abominable que los números, los trámites, los impuestos, las retenciones de impuestos, pero ahí voy. Otra cosa murciélago, que me llevas a hacer.

Acomodaste muchas cosas en mi vida, me has hecho replantearme tantas más. La historia recordará este evento, y tal vez seamos el hazmerreír del futuro. Por lentos, por tontos o por creídos. No sé. Sólo la historia nos dirá qué pasó. Algunos hablan de dos años, otros de seis meses, otros de la semana que viene. Me gusta oír a todos, ver que el mundo es tan diverso, en esto podemos darnos cuenta que cada quien ve la vida tan pero tan distinto.

Yo soy de las que no cree en la plandemia, y creo firmemente que como no cambiamos nada, esto se repetirá. Que vamos a aprender a vivir con pausas, que seguramente las añoraremos. Que el viernes que vayamos a una fiesta atravesando la ciudad, de regreso a las 8 pm, pensaremos “qué linda sería una cuarentena al menos la próxima semana” por lo pronto, sólo queda amar a los cercanos, mandarle lindos pensamientos a los lejanos.

Yo pensé todo el tiempo que escribía un diario de esta cuarentena y al final, creo que es más bien un manual para la que sigue, porque de esta no aprendimos nada. Me retiro, mi laboratorio tiene muchas investigaciones aún por realizar, muchas canciones que bailar, películas que ver. Hoy día 79/80 les mando un abrazo cariñoso. Voy a hacer unos murciélagos de peluche, para que nos recuerden que cualquier día el mundo se puede dormir al revés y sólo tendremos nuestras propias alas para cobijarnos.

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