17 marzo 2020

Después del lobo malo, regresa tímido el lobo bueno. Esto no podría volver a pasar, no así. Todos esos esfuerzos infructuosos de la Organización Mundial de la Salud en advertir a los países que se fueran preparando, esta vez fueron inservibles.
“Pero ¿cómo? Si está del otro lado del mundo” se justificaban las grandes naciones a pesar de que China casi se hinca a pedir ayuda. En el fondo de estos personajes, que casi siempre se parecen entre sí en saberse poderosos, les daba gusto ver a China hundida en la desesperación, en el miedo, “se lo merecen”, “eso les pasa por comer murciélagos”. Nadie ayudó. Los Chinos se tuvieron que rascar con sus propias uñas, pero tienen miles y lograron salir casi intactos de esta pelea.
Esto no se va a repetir porque a estos que se parecen entre sí, dejaron de sonreír. Sus esposas se enfermaban, la gente de sus gabinetes o incluso, la misma realeza, que resultó no tener sangre azul. La próxima pandemia, puede haber dos escenarios que desembarquen en una ayuda sobrenatural para que no le pegue al planeta entero. La próxima, que sí sea un virus tamaño MERS, los gobiernos tendrían que apoquinarse a la primera para no tener que pasar por lo que vamos a pasar. Si ese MERS fuera más letal, tal vez seamos más inteligentes en el planeta y dejemos de hacer vuelos por un mes antes de que llegue en un crucero o en un contenedor de carne de cerdo. Actuarían más por miedo que por humanidad hasta que las generaciones lo olviden, como hemos olvidado los estragos de las guerras mundiales.
Porque vivirlo no es lo mismo que verlo. Ni leerlo. ¿Cuántos no lloraron con el diario de Anna Frank pensando qué injusticia, qué maldad, qué barbaridad! Y cuando vimos en Facebook a los sirios, se nos empezó a hacer normal. Porque no somos nosotros. Pero los Sirios eran como nosotros, vivían bien, comían bien, tenían una ciudad hermosa y el mundo sólo le puso un “Me entristece” en una publicación. Nos merecemos miles de virus y bacterias más hasta que volvamos a ser lo más humanos posible, que nos expriman la avaricia que nos hace ser unos gandallas, que los próximos nos amenacen al 80%, porque si no es así, dice lobo malo, tal vez la próxima pandemia la economía quede tan resentida de salvar gente que no podía ser salvada, que no volverá, ni intentar a hacerlo.
Tal vez, esta vida ha sido suficiente para algunos y tal vez no para otros. ¿Qué pensarán los suicidas, los agobiados de vivir? ¿estarán felices exponiéndose al virus? ¿O se están dando cuenta que sí quieren vivir y ver qué pasa en la próxima temporada? ¿Qué piensan de ti el 2% cuando publicas que no es necesario parar la economía, que al fin y al cabo su vida ya estaba comprometida? Que se lo merecen por viejos, por diabéticos, por hipertensos, por fumar y algunos, por todo junto.
Todo eso que hacemos, el que juzga lo del papel de baño es igual que el que anda en Acapulco. Porque no te interesa entender lo que el otro está pasando, no quieres saberlo, tú tienes la razón, escoges tu bando. Y me incluyo en esto que todo le echo la culpa a Andrés Manuel y es cierto, lo alucino, me cuesta muchísimo trabajo creer que hay gente que lo admira, que cree que está haciendo algo bien, simplemente no me cabe en la cabeza. Y como dice mi amigo Prome que es el chairo más dulce que conozco, es que tú no has vivido mi vida. Y bueno, tal vez sea simplemente eso.
Tú y yo, todos necesitamos ser mejores que esto y EN esto. Necesitamos regalar nuestra chamba a ver qué se siente que alguien sonría a la distancia porque existes. Demuestra que dejarías un vacío en el mundo de alguien más, no sólo que te van a extrañar porque les pagues la quincena. Tampoco que eres mejor que los demás porque no fuiste al súper a comprar para revender Lysol porque haces eventos y sabes que no habrá ninguno en puerta en meses y tienes que darle de comer a tus hijos. Has algo que te gusta y regálalo, sólo por el hecho de ayudar y de ayudarle a ver a nuestros hijos desde ahorita, que no sean como nosotros, que sean mucho mejores que nosotros, que lo hemos hecho muy mal.

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