19 junio 2020
Tengo varios intereses en la vida y ninguno de ellos tiene alguna relación (ni cercana) con los números. Al intentar a echar a andar una empresa que teníamos hace años, mi contadora actual me pide que le pida a mi contador anterior que me dé algunos datos. Hago un poco de memoria y recuerdo que era Jesús, un gordito increíblemente amable que murió hace uno o dos años. Luego le hablo a mi ex socio, ¿oye, sabes quién más nos llevaba la contabilidad? Y me dice, “uy el hermano de Alex” y ¿qué creen? también murió en enero pasado. Nos da una risa nerviosa. Y un escalofrío me recorre el cuerpo. Ambos tenían mi edad (43). Con la intención de no indagar más, pienso en otra cosa. Me habla mi mamá y me pregunta, ¿qué la contabilidad no te la llevaba tu amiga de ojos verdes? Casi me desmayo al recordar que mi amiga de ojos verdes contrató a Lety, otra mujer bastante joven, tal vez en sus 50 que murió también el año pasado de un coma diabético.”No puede ser” pienso para mis adentros. Es obvio que no puedo decirle esta información a mi contadora si quiero que siga conmigo. ¿Debería hacerlo? Si fuera político alguien ya podría estar ligando esas tres muertes a mi ejercicio fiscal que nunca tiene ganancias. Los tres tan jóvenes (aún) todos amables y cariñosos. Todos unas excelentes personas que lo único que tenían en común, era mi RFC en sus manos. Recuerdo constantemente un poema de Jaime Sabines que me decía mi abuela “Alguien me dijo al oído todos los días de mi vida: vive, vive, vive. Era la muerte”. Me da miedo escribir incluso la palabra, que ahora se siente en cada esquina como una posibilidad. Pero entiendo, tristemente, que la muerte siempre ha estado ahí, que se lleva como un aliento a gente que conozco y a la que no conozco. Algunos con más suerte que otros. Y sólo nos queda vivir. Y vivir es tan hermoso, que vale la pena el riesgo. De los 194 países que hay en el mundo, nos toca vivir en el top 2 de los peores manejados en términos de pandemia y el Top 1 de pantomima. No hay mucho a dónde hacerse. Ahí estará. Y uno está aquí. Y tiene de dos, o vive y se muere o se muere antes de morir. 

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