Como les pasa a todas las parejas que realmente conozco, hay varios momentos en el matrimonio donde piensas en la salida -no sé si mejor, ni si más rápida- pero anhelas el divorcio.

Luego se te pasa y ya. Es como un cólico que a veces dura poco y a veces mucho. 

Confieso que lo más atractivo de la separación me parece esta evolución del homo sapiens donde ahora se hacen fiestas de divorcio.  No me ha tocado ir a una, pero supongo son muchísimo más divertidas que las bodas. Yo haría lo siguiente. Obviamente la fiesta del divorcio tendríamos que hacerla juntos y de un lado sentar a los hombres y del otro a las mujeres. Prohibido juntarse entre tóxicos y tóxicas, hasta hay meseras y meseros de otro lado. Suenan dos djs como la película de Transilvania 3, en un pleito musical donde cada quien echa su mejor rola. Se avienta un volado para comenzar como partido y por todos lados corren las margaritas, chelas y obviamente Bacardi por ese extraño grupo de gente que no sabe que existe otra bebida… De un lado comienzan las mujeres freseando con “i Will survive” y en cuanto acaba, los hombres hacen team back y su respuesta es “lo que un día fue no será” (la versión del gran silencio) el round dos es “si una vez dije que te amaba” de Selena. A todos se les dan micrófonos inflables para que no haya acaparamiento de la escena musical. Los hombres bien ochenteros ponen “la planta” porque el DJ ya dice que le prohibieron tocar ingrata de por vida… Las mujeres regresan poderosas con “me solté el cabello y me vestí de reina”…Ya para este momento salen los photoboots con letreros que dicen “por fin libre” hombres con cuadros enmarcándose a sí mismos como “ratas de dos patas” … Se organiza el vals de exnovios, de preferencias a algún dueto como Amanda Miguel y Diego Verdaguer, prosigue una guerra de aventarse el ramo como si fuera quemados, al que le toca pierde. Cada sección de la fiesta parte su pastel. Y ya que están todos hasta el cepillo, se aparece el mariachi loco. Ya está pagado el viaje de luna de Hiel, dónde se irá cada uno por su lado al terminar la fiesta. Lo que nadie sospecha es que la divorceplanner también es weddingplanner y a propósito reparte toloache en la torna-no-boda, eso acaba como final de como agua para chocolate, todos con todos, la weddingplanner encubierta se felicita a sí misma. De este divorcio fest le saldrán varias fiestas de arcoiris que siempre pagan más y otras nupcias para el insta. Spoiler alert: nunca falta que ya con unas copitas, de repente el mismo hijo de la fregada que tiene una sonrisa conquistadora te empieza a cerrar el ojo y ay pero si es bien chistoso jijijajaa y en unos cuantos meses, te vuelvas a casar… Con tu exmarido. 

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